Ansiedad: la epidemia del siglo XXI

Ansiedad: la epidemia del siglo XXI

 

 “Se ahoga más gente en los vasos que en los ríos”

-Georg Christoph Lichtenberg-

 

Son tantas las manifestaciones de la ansiedad, y tan frecuentes las consultas por su causa, que varios expertos ya la catalogan como una verdadera epidemia. Se deja sentir de muchas formas: dificultades para dormir, ataques de pánico, una amplia gama de fobias, etc..

Frente a este fenómeno, el mundo de la salud ya ha desarrollado varias respuestas. Hay una importante oferta de medicamentos. Por un lado, están los tradicionales: todo un ejército de ansiolíticos desarrollados en laboratorios farmacéuticos, que prometen disminuir la dosis de angustia. Sin embargo, estos fármacos, además de que tienen unos efectos secundarios atroces, por lo general solo ofrecen soluciones pasajeras. Es decir, solo tienen efecto mientras se toman.

También hay una enorme oferta de medicamentos alternativos: “naturistas”, homeopáticos y soluciones bioenergéticas. Eso, por supuesto, sin contar todos los remedios caseros contra la angustia: agua de valeriana o de toronjil, baños de agua tibia y toda suerte de trucos tradicionales. Sin embargo, ninguno de ellos parece funcionar del todo.

Todos los fenómenos que tienen lugar en la mente se reflejan en el cuerpo. La mayoría de las veces, se da en ese orden: primero en la mente, luego en el cuerpo. Solo en un porcentaje bajo de casos ocurre lo contrario: primero en el cuerpo y luego en la mente.

Así, el recorrido del éxito de la intervención con psicofámacos es limitado. Reducen el síntoma, es cierto, pero no solucionan la causa que lo origina. Los medicamentos, de cualquier tipo, solo deben ser vistos como una ayuda limitada y temporal, no como una solución definitiva.

La verdadera solución solo aparece si se ataca la causa real de la angustia. El problema es que, al decir de muchos expertos, los tiempos actuales en su conjunto están generando angustia por montones.

Uno de los aspectos más complejos de esta epidemia de angustia está en el hecho de que resulta muy difícil verbalizarla. Cada individuo siente en su interior esa desazón diaria, que no lo deja dormir, lo mantiene de mal humor o lo lleva a sumergirse en rutinas tiránicas. Pero, a la vez, a ese individuo le cuesta mucho trabajo poner en palabras lo que siente.

En una primera fase pueden ser de mucha ayuda los fármacos, pero sin terapia psicológica podemos ser prisioneros de por vida de los fármacos, sin solucionar el problema.

Si eres de los que padeces esta epidemia puedes buscar la solución con la terapia cognitivo conductual de nuestra consulta online www.psicologoaunclick.com

Delfí Vives. Director www.psicologoaunclick.com

 

 

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